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A los 25 años, Romelu Lukaku es el máximo goleador histórico de la selección belga, con 37 goles en 69 partidos oficiales. Con sólo 16 años y 11 días debutó en la primera división, en Anderlecht. Nacido en Amberes, hijo de padres congoleños, una ex colonia belga, Lukaku padeció la pobreza en Bélgica según el mismo relata en la columna que escribió en el sitio The Players Tribune.

Vio cómo su madre mezclaba leche con agua y describió a las ratas paseándose por su casa. Por entonces, a los seis años, cuando encontró a su madre llorando a la vuelta de la escuela, le prometió que jugaría en Anderlecht y que todo cambiaría. Le preguntó a qué edad podría jugar en Primera y su padre, ex jugador profesional de fútbol, le dijo que a los 16 años. Así fue.

Cuando tenía 11 años, Lukaku describe cómo la xenofobia lo quiso dejar fuera de un equipo de fútbol. El delantero de Manchester United siempre fue de contextura física grande. Estaba por entrar al campo de juego cuando desde la tribuna el padre de uno de sus rivales intentó sacarlo de la cancha. "¿Qué edad tiene ese chico? ¿Dónde está su DNI? ¿De qué país es?", fueron las inquisiciones que Lukaku relata en su columna. "Soy belga", le respondió. Y le exhibió su documento.

En un país donde la xenofobia está ganando terreno, el máximo goleador de la selección cuenta que también sufre la discriminación en su adultez: "Cuando las cosas iban bien, los diarios me llamaban el goleador belga; cuando no iban bien, me llamaban el descendiente de congoleños". El clima discriminatorio y xenofóbico se ve representado en funcionarios como Theo Francken, el líder del partido nacionalista flamenco N-VA, el más votado de Bélgica, y actual viceministro de Asilo y Migración. "Puedo figurarme el valor añadido de la inmigración judía, china e india, pero menos la de la marroquí, congoleña o argelina", había dicho Francken.

Con cuatro goles, el ex jugador de Everton y Chelsea, está segundo en tabla de artilleros del Rusia 2018. El inglés Harry Kane está primero, con seis. Pero además, Lukaku demostró que no sólo es un goleador sino que también asiste a sus compañeros y que sabe jugar muy bien sin la pelota, como lo hizo en el tercer tanto contra Japón en los octavos de final (Bélgica lo dio vuelta y ganó 3-2 en tiempo de descuento). "Quería convertirme en el mejor jugador de la historia Bélgica", dijo también cuando era un niño. Poco a poco, y con las herramientas que está sumando en su madurez, el delantero se acerca a ese objetivo.

El tercer tanto de Bélgica contra Japón y la gran acción de Lukaku

28 años después de México 86, Bélgica volvió a semifinales de los pies de jugadores de enorme talento e hijos de inmigrantes, como Marouane Fellaini, y Nacer Chadli de ascendencia marroquí, y dirigido por un español, Roberto Martínez. La actualidad futbolística belga también obedece a una planificación que nació el nuevo milenio. "Hubo un trabajo muy serio de la Federación de intentar hacer un proceso muy claro de cómo desarrollar futbolistas en Bélgica y se trazó un camino muy claro de cómo se quería desarrollar al jugador, implicando a las escuelas y a los clubes profesionales, y de qué forma se quería jugar", recordó Martínez, en una entrevista concedida al canal TyC Sports el pasado mes de diciembre, según consigna la agencia AFP.

Los belgas se encargaron de estudiar los sistemas que llevaban a cabo Holanda, Alemania y Francia. Además, hubo un trabajo con los entrenadores y los educadores de todo el país para que se cambiara el tradicional sistema 4-4-2 por el 4-3-3 que utilizaba Barcelona y que los holandeses, de la mano de Johan Cruyff, llevaron a ese club. "Fue un trabajo muy complejo, pero que ha dado sus frutos", afirmaba Martínez en diciembre de 2017, durante el sorteo del Mundial. Bélgica, que no se había clasificado para las Copas del Mundo de 2006 y 2010, ya en 2014 conseguía sus primeros resultados cuando fue eliminado en cuartos de final ante la Argentina. La misma base pero con mayor experiencia, el martes, a las 15, buscará el pase a la primera final de la historia ante Francia.

Concluye Lukaku en su columna "Tengo algunas cosas para decir" publicada tres días atrás: "Ya no hay ratas en el departamento. Ya no dormimos en el suelo. Ya no me piden el DNI, ahora saben quiénes somos".



La Nación

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