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El presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables, Marcelo Álvarez, dialogó con Cronista.com sobre la matriz de producción de energía verde impulsada por el Gobierno nacional. Alertó sobre los riesgos de concentrar en pocos jugadores y apostó por la producción descentralizada.

Además de ayudar a mitigar el impacto medioambiental, Marcelo Álvarez, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), sostiene que las energías limpias pueden ayudar a equilibrar la balanza comercial porque “sacan menos dólares del sistema que los combustibles fósiles”.

“Las renovables generan más empleo y bajan el costo medio de la matriz. Así importes todos los bienes de capital, todo el hardware importado saca menos dólares del sistema que importar combustibles fósiles para quemar”, asegura Álvarez de visita en la redacción de Cronista.com.

En todo 2016, según cifras del Ministerio de Energía y Minería, el país compró combustibles fósiles por 3945,3 millones de dólares, mientras que en lo que va de 2017 el monto llega a u$s 2205 millones.

Álvarez apunta a los fósiles porque, debido a la ley de emergencia energética, tampoco ayudan a la recaudación, ya que tienen exenciones impositivas. “No solamente estás importando algo no renovable, caro, prepagándolo, sacándolo del sistema, sino además no tiene aportes impositivos”, remarca.

– ¿Cuál es la situación actual en materia de Energías Renovables en la Argentina?

– La cancha está marcada por la ley 27.191, que crea tres grandes grupos: las convocatorias a Renovar (que ya tuvo la ronda 1 y 1.5) en las que se presentan quienes quieren producir energía eléctrica; el mercado entre privados, que habilita a pactar precios entre las partes sin intervención del Gobierno; y el de la autogeneración de los grandes usuarios.

Ahora, eso te deja afuera dos grandes grupos: el más chiquito, que es el sector residencial y comercial, que debería estar incluido en una ley de energía distribuida; y otro sector que puede autogenerarse con un buen margen de excedente, y que puede inyectar a la red eléctrica nacional ese excedente, pero que no es lo suficientemente potente como para entrar en una convocatoria de Renovar.

Sobre estos dos últimos grupos, todavía no hay mayores precisiones, porque el gobierno está enfocado en llegar a los objetivos de la ley a través de las adjudicaciones de Renovar y de terminar la resolución que brinde el marco regulatorio para el mercado entre privados.

– Dentro de este panorama, ¿cuál es el mayor desafío que tiene el Gobierno?

– Si pensamos en los funcionarios públicos, es no caer en la tentación de ir solamente por el modelo más rápido sino ir hacia un modelo de producción no centralizada únicamente en grandes parques. Porque ambas cosas no se excluyen. Es más, con lo que ahorrás en importación de fósiles te alcanza para hacer las dos cosas.

Otro desafío son las tarifas, porque, sin hacer un análisis ideológico de si está bien o no ajustarlas, está claro que no se le puede subsidiar la tarifa al sector de altos ingresos como hoy. Esa es la peor de las señales. Ninguna política de racionalización de la demanda entra si tenés subsidiada la energía y no tiene un costo representativo en tus consumos.

– ¿Cómo pueden aportar las renovables en esta discusión?

– Yo siempre creí, y hoy más firmemente que antes, que las energías renovables son un cambio de paradigma. No es solamente un cambio de tecnología, sino que también están asociadas al cambio de modelo de desarrollo y del modelo de consumo. Y, a partir del cambio del modelo de consumo, también el de producción de energía. Ese cambio de paradigma hace que el ciudadano no sea un sujeto pasivo que simplemente consume, sino que se convierte en un actor adentro de la cadena causal.

Por ejemplo, recién decíamos que uno de los desafíos es descentralizar la producción. Es importante esto. Cuando se arme la ley de generación distribuida, que permita a hogares, comercios e industria generar su propia electricidad a partir de fuentes renovables y vender el excedente en la red, eso va a ser un cambio enorme.

El propio usuario, cuando empieza a generar electricidad (con la tecnología que fuere), empieza a racionalizar su propia demanda. Primero, por una situación egoísta: cobrar la diferencia entre lo que inyecta al sistema y lo que usa. Si hace más eficiente la demanda, no usa consumos evitables en los picos de la demanda (por ejemplo dejar de planchar a las 7 de la noche y hacerlo durante los fines de semana). Cuando los precios de la energía sean los reales respecto del costo, se va a empezar a mover la conciencia del sector residencial, industrial y comercial.

– ¿Por qué hubo tanto interés invertir en renovables en la Argentina?

– La Argentina junto con México, Perú y Colombia son las estrellas de la región, cada una por distintas cosas. Argentina, particularmente, por el tamaño del mercado y porque la tasa, si lográs metabolizar el riesgo de la inversión a largo plazo, es muy alta.

En Perú y México las tarifas para las energías renovables rondan los treinta y pico de dólares por megavatio/hora. Acá con u$s 52 están todos festejando porque veníamos de u$s 240, pero u$s 52 sigue siendo alta para el que invierte.

A partir de ronda 1 y 1.5 de Renovar, un montón de personas del establishment de la energía empezaron a mirar a las renovables, y comenzaron a considerarlo una opción real. Antes nos veían como burgueses con cargo de conciencia que queríamos un mundo mejor y no sabíamos cómo. A partir de que es negocio, el sector de renovables cambió mucho.

– Uno de los grandes debates en la economía argentina se produce en torno de las importaciones. ¿Qué pasa con este punto en relación a la tecnología para producir renovables?

– El camino, para nosotros, no es ponerles barrera a las importaciones sino estimular a los locales controlando la curva de aprendizaje y el aumento de productividad. Tradicionalmente la sustitución de importaciones es renta extraordinaria del empresario amigo de turno del Gobierno de turno. Para nosotros, el mecanismo es elegir cuáles son las posiciones arancelarias en los sectores en los que efectivamente podés competir. Es muy poco probable que puedas hacerlo con los chinos en la fabricación de módulos fotovoltaicos de integración vertical, pero sí podés laminar los módulos acá, o hacer las estructuras de soporte, las seccionadoras, la puesta a tierra, el monitoreo, todo eso se puede hacer acá.

– Otra cosa que se puede estimular, por ejemplo, es la investigación…

– Claro. Argentina tiene potencial para desarrollar concentración fototérmica y aplicaciones de fotovoltaico, aunque tiene que saber no es la prioridad global, porque hoy todo mira hacia la acumulación. Esto es porque las estrategias 100% renovables requieren acumular energía para evitar la intermitencia. Argentina puede desarrollar la industria de litio en términos de acumulación. Aunque habría que asociarse con alguien porque ya estamos muy atrás en términos de carrera tecnológica. Pero buscaría socios (un país o el sector privado, dependiendo de la política del Gobierno), para agregarle valor al commodity.  Para decirlo en concreto: por cada gramo de litio que se vende, en una batería hay 27 veces más valor agregado que en el litio sin ningún proceso productivo.

– ¿Qué pasa con el campo en relación a renovables? En las rondas de Renovar fue muy chica la cantidad de proyectos que se presentaron en relación a la potencialidad que podría llegar a tener biomasa o biogás en nuestro país.

– Renovar 1 y 1.5 fueron exitosas en precio y en cantidad de proyectos pero fundamentalmente si se analizan los proyectos de producción a partir de fuente solar fotovoltaica y eólica. En biomasa, en biogás y en mini-pico hidro fue deficitaria por los precios y por la cantidad de proyectos.

Por ejemplo: para un productor de biomasa a partir de residuos resultó una barrera pensar en asegurarse todo ese sustrato y tenerlo disponible durante 20 años, que es la duración de los proyectos. Entonces, lo que tiene que ajustar el gobierno es el modelo de convocatoria, porque no es el mismo para solar fotovoltaica y eólica, que el de biomasa. Entiendo que tiene vocación de hacerlo porque entendió en qué falló. Ahora, la Argentina a los primeros 2000 megavatios los puede hacer simplemente con la fusta bajo el brazo utilizando residuos que hoy no se utilizan. Se hace en una situación de extrema ventaja. Simplemente gestionando los recursos y sabiendo que hay que planificar.

El Cronista

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