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LPO La decisión provocó que Elon Musk abandonara el diezmado consejo empresario del presidente.

Una de las pocas promesas de campaña que Donald Trump ha logrado cumplir con cabalidad desde que tomó posesión es la de acabar con las "molestas" regulaciones que impiden -en su opinión- el crecimiento de la industria y la economía. Este jueves el presidente anunció que, por temas tanto económicos como ambientales, Estados Unidos abandonará el Acuerdo de París contra el Cambio Climático.

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Trump mencionó el impacto que ratificar el acuerdo tendría en términos económicos, y dijo que estaba diseñado para beneficiar a "las naciones más contaminantes del mundo", mientras afectaba seriamente a Estados Unidos.

"India podrá duplicar su producción de carbón para 2020, mientras nosotros tenemos que deshacernos de nuestra industria. Incluso Europa podrá seguir construyendo plantas de carbón", protestó.

Dijo que París era no tanto sobre el clima y "más sobre otros países ganando una ventaja económica" sobre los Estados Unidos. "Pone a nuestro país en una enorme desventaja. Es una herida económica autoprovocada".

"El acuerdo de París es muy injusto al más alto nivel para los Estados Unidos", aseguró el mandatario. 

"Tenemos las reservas de energías más grandes del planeta, y con este acuerdo estamos poniendo estas reservas bajo llave. Tenemos una gran fortuna, gran gran fortuna, y no la podríamos usar, dejando a millones de familias en la pobreza", analizó.

Consideró que el acuerdo era una "redistribución de riqueza de Estados Unidos a otros países". en un momento en que van a necesitar "todas las formas disponibles de energía norteamericanas".

La decisión deja a Estados Unidos es una posición de extrema soledad en el mundo: 197 países firmaron el Acuerdo de Paris y sólo Nicaragua y Siria estaban al margen. 

La medida, que generó una ola de repudio mundial, incluyó un golpe interno. El visionario empresario Elon Musk, creador de Paypal y ahora de la marca de autos eléctricos Tesla, anunció que renuncia al ya diezmado consejo asesor de CEOs que creó Trump al asumir la presidencia.

Inmune a estas críticas, Trump dijo que aún si el acuerdo fuera aplicado con éxito, para el año 2100 tendría un impacto positivo de menos de un décimo de grado centígrado. Citando al Wall Street Journal, asegurando que "retirarnos del acuerdo está en el interés de Estados Unidos, y permanecer no ayudaría al medio ambiente". Después dijo que Estados Unidos se convertiría en el país más amable con el medio ambiente, "tendremos los ríos más limpios", pero sin poner en riesgo el crecimiento económico.

Luego agregó que estaba dispuesto a colaborar con los demócratas para renegociar su regreso al acuerdo, pero bajo términos que no perjudiquen a Estados Unidos.

"Trabajaré para asegurar que Estados Unidos sea el líder en temas ambientales, pero bajo términos justos", dijo. "Ningún líder responsable pondría a su país y a su pueblo bajo estas condiciones", agregó.

El acuerdo, firmado apenas en abril de 2016, unió a 197 naciones bajo el compromiso de reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero durante las siguientes décadas y poner un freno al cambio climático. Hoy Estados Unidos es la segunda nación que más emisiones dañinas contribuye, atrás apenas de China, que tiene cinco veces más habitantes.

El compromiso firmado por Barack Obama el año pasado contempla que Estados Unidos reduzca sus emisiones entre 26 y 28% para el año 2025. Los números que la nación del norte comprometió representan el 21% de la reducción de emisiones total que el acuerdo plantea alcanzar en las siguientes décadas.
"No queremos que los líderes de otros países se burlen de nosotros", dijo, y agregó que había sido electo para representar a "los ciudadanos de Pittsburgh, no a los de París".

Las opiniones en la Casa Blanca parecen estar divididas. El Secretario de Estado Rex Tillerson, quien antes fue CEO del gigante energético Exxon, intentó convencer al presidente sobre la importancia de ratificar el acuerdo. Ivanka Trump, hija del presidente, también está en el barco de los pro-ambientalistas. La semana pasada Trump fue el único mandatario del G7 que no ratificó el acuerdo. En aquel momento dijo que necesitaba más tiempo para decidir. 

En el otro campamento, quienes ven el acuerdo como un fraude de la cúpula de poder internacional, están los nacionalistas. Stephen Bannon, ex  CEO del portal de ultraderecha Breitbart News, que hoy celebró la decisión con un militante: "Promesa cumplida". También apoyó al decisión Scott Pruitt, quien irónicamente está al frente de la Agencia de Protección ambiental.

El problema es que más allá del impacto en números, Estados Unidos es un país al que la mayoría de las naciones del mundo toman como ejemplo en temas de liderazgo global. Además de asesinar el acuerdo, la administración Trump ha declarado que no tiene nuevos planes o medidas de protección ambiental.

El magnate tecnológico Musk inicialmente se había mostrado cercano a Trump, con la declarada intención de influir en sus políticas climáticas, lo que en su momento le valió duras críticas de sus seguidores. En aquel momento se justificó diciendo que su intención era guiar al magnate inmobiliario por el buen camino. Hace unos días, confrontado con la posible salida de Estados Unidos del acuerdo, advirtió que tendría que rechazar públicamente al presidente.
Las medidas impulsadas por la administración Obama ya habían logrado una reducción de 12% de las emisiones, ahora habrá que ver el impacto que las ordenes ejecutivas de Trump, buscando entre otras cosas impulsar a la decadente industria del carbón, tendrán a largo plazo en la huella ambiental de Estados Unidos.

La intención del acuerdo era congelar el calentamiento global antes de que alcanzara los 2 grados centígrados, que es el punto en que los científicos consideran empezarán a verse problemas graves en el medio ambiente. Sin embargo, un estudio de la revista Nature concluyó que, con todo y el Acuerdo de París, la Tierra verían un aumento de entre 2.6 y 3.1 grados centígrados para el año 2100.

Es decir, el acuerdo es un modesto inicio para combatir el cambio climático, pero para nada se trata de una solución definitiva. No ratificarlo envía un mensaje muy claro: el medio ambiente no es una prioridad para la nación más poderosa del mundo.

Un mensaje que Obama intentó mitigar al cuestionar este jueves la decisión de Trump mediante un comunicado que buscó de todas maneras ser alentador: "Incluso en la ausencia del liderazgo estadounidense; aun cuando este Gobierno se une a un puñado de naciones que rechazan el futuro, estoy seguro de que nuestros estados, ciudades y empresas se esforzarán y harán aún más para liderar el camino y ayudarán a proteger, por las generaciones futuras, el único planeta que tenemos", afirmó el ex presidente.

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