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Paciente del ámbito hospitalario chubutense, lo llamaremos Luis: sexo masculino de 54 años de edad, habitaba una vivienda social, sin ingresos fijos, su salud dependía exclusivamente de los servicios que le podía brindar el hospital público. Un día, decidió consultar porque había experimentado cambios en el ritmo intestinal: periodos de estreñimiento combinados con periodos en los que padecía diarrea, a veces tenía dolor abdominal. 

Hizo cola frente al centro de salud más cercano a su domicilio, permaneció en la intemperie desde las 6.30 hasta las 8,00 horas de la mañana, para conseguir que un médico le extendiera la derivación para ser atendido por un gastroenterólogo (GE) , fue atendido alrededor de las 10,30 Hs. 

Con este requisito cumplido, fue al hospital y se entera que los turnos se  ofrecen sólo 2 veces por mes en forma conjunta para todas las especialidades: urología, oncología, cirugía, hematología, endocrinología, dermatología, gastroenterología, cardiología, etc. La señora que lo atiende le sugiere que concurra muy temprano porque los turnos ofrecidos se terminan pronto. 

Concurre muy temprano a las 6,30 de la mañana y ya los pasillos estaban abarrotados de pacientes, consiguió que lo anotaran para ser atendido diez días después y ya quedaban pocos turnos. Seguramente habría muchos que no tendrían la misma suerte que él porque, según expresara el mismo paciente,  había decenas de  personas  detrás de él.
  
Llegado el día el profesional que lo atendió le expresó  que debía realizarse en forma urgente una colonoscopía, ya que, entre otras enfermedades, había que descartar cáncer de colon y añadió que ese estudio en el hospital no se realizaba.

Entonces, averiguó precios de las colonoscopías en el ámbito privado pero el costo era inalcanzable para él.  Varios meses después, debido a que los síntomas se hicieron más intensos, decidió consultar nuevamente: al igual que la vez anterior, debió vencer los mismos obstáculos de cuando tomó la decisión de consultar sobre su enfermedad la primera vez. 

En esta oportunidad ingresó al consultorio acompañado por su esposa. El profesional que lo atendió repitió lo que había expresado en la primera consulta, que era indispensable realizar una colonoscopía y  que no había  ninguna posibilidad de hacerlo en el hospital. 

Nos imaginamos que se retiraron con el ánimo por el piso. Es que el desamparo en que una persona queda expuesta cuando pierde la salud y no tiene posibilidades de ser asistida, es una de las situaciones más críticas que un ser humano debe enfrentar.

Otro paciente, pero con cobertura médica, lo llamaremos Pedro: sexo masculino, 68 años, jubilado de la administración pública, poseía cobertura médico sanitaria a través de la obra social provincial SEROS. La primera vez que consultó por esta enfermedad, lo indujo  el hecho de haber presentado síntomas que eran similares a los que padecía Luis. 

El mismo día que decidió realizar la consulta, a través de una simple llamada de teléfono consiguió  turno con un GE en un sanatorio de la zona, se presentó a la hora consensuada con la secretaria del facultativo y como requisito único debió presentar el carnet de afiliado. Previamente no tuvo que dar explicaciones a nadie, tampoco necesitó que lo derive algún otro médico.

El profesional indicó hacer una colonoscopía, que él mismo la realizó tres días después. A la semana siguiente fue operado, se realizó una colectomía parcial (cirugía para extirpar la sección del colon que contiene cáncer y los ganglios linfáticos cercanos). 

Luis, ocho meses después de la última consulta mostró signos de agravamiento de su estado general, comenzó a perder peso, las deposiciones se hicieron sanguinolentas, presentando fuertes dolores abdominales, ante esta situación los familiares y amigos, todos de bajos recursos, se dispusieron a juntar dinero, inclusive vendían objetos personales. Al final se pudo realizar la colonoscopía en un sanatorio privado y con las biopsias extraídas se confirmó el diagnóstico de cáncer de colon. 

Y ahí empezó otra lucha para conseguir turno con un oncólogo del hospital. Varios días después consigue ser atendido por dicho especialista, quien  dispuso que se hiciera una intervención quirúrgica que, debido a que se tenía que respetar la lista de espera para operaciones programadas,  se  realizó dos meses después en el servicio de cirugía del mismo hospital. Luego cumplió tratamiento con quimioterapia, cuyos remedios eran muy caros, pero por suerte fueron entregados sin dificultad por la farmacia del hospital. 

El cáncer de colon se encontraba en etapa IV, tenía metástasis en ganglios linfáticos e hígado. Según les dijeron a los familiares, se tardó mucho en hacer el diagnóstico e iniciar el tratamiento. Cinco meses después falleció.

Se debe poner énfasis que el caso de Luis no es aislado, ya que el mismo déficit descripto en el servicio de GE, años atrás, se continúa presentando en la actualidad. 

Por su parte, Pedro tuvo una suerte distinta: luego de la operación no fue necesario otro tratamiento adicional. El profesional le expresó que el pronóstico era excelente y que podía hacer una vida normal. Los controles y estudios posteriores relacionados con esta enfermedad tuvieron  100% de cobertura.  Con posterioridad, de la misma forma que lo hizo la primera vez, realizó consultas con el GE y otros especialistas  (clínico, endocrinólogo, nutricionista, etc) todas las veces que lo necesitó en forma ágil, sin necesidad de soportar colas, listas de espera u otros obstáculos fastidiosos.

Se narra esta historia para que se vea las dificultades que tienen los pacientes cuando  su salud depende exclusivamente de los servicios que le puedan brindar el hospital público. 

ALGUNOS DATOS ESTADÍSTICOS

Se calculan que hay 50.000 usuarios del HZT. En promedio se otorgaron 576 consultas por año para ser asistidos por GE, esta cifra fue tomada de acuerdo al registro promedio de  los tres últimos Anuarios de Estadísticas de Salud –Chubut-.  Mientras que para los 30.000 afiliados de la Obra Social SEROS, Agencia Trelew, se facturan a los mismos especialistas entre 4.500 y 4.800 consultas por año.  

En el Hospital Zonal de Trelew  desde hace más de 14 años no se realizaban endoscopías digestivas de ningún tipo, ni altas ni bajas, incluidas las colonoscopías con excepción de los primeros meses del año en curso que, desde el advenimiento de un gastroenterólogo al HZT, se hicieron algunos estudios de este tipo. No obstante, fueron suspendidos  desde fines de abril y se desconoce hasta cuándo: “…se rompió accidentalmente el colonoscopio y no hay presupuesto disponible para arreglarlo”, justificó el director del hospital.

Por otra parte, la obra social provincial SEROS autoriza alrededor de 5.900 endoscopias digestivas por año para sus afiliados de la Agencia Trelew , entre ellas 2.700 endoscopías baja (colonoscopía, videocolonoscopía y rectosigmoidefibroscopía), lo que muestra que es una práctica habitual y necesaria en esa especialidad.  

La realidad y estadísticas demuestran la inequidad que existe en nuestra sociedad entre los pacientes que se atienden en el hospital público y los que tienen cobertura médica social o privada.

Dr. Fernando Urbano. Médico sanitarista. Presidente Fundación FUSSO 

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