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El abuelo de Donald Trump, Friedrich Trump
Donald Trump llegará el próximo 20 de enero a la presidencia de Estados Unidos gracias, en gran medida, a un discurso duro contra la inmigración. El hombre que se ha propuesto “hacer América grande de nuevo” podrá en ese momento recordar a su padre Fred, nacido en suelo estadounidense en 1905, a los pocos meses de que su familia fuera expulsada de Alemania. La anécdota ya era conocida. Pero un investigador ha dado ahora con el documento que certifica el momento en el que la familia Trump tuvo que hacer las maletas, y buscarse la vida en la otra punta del mundo.

Entonces no podían saberlo, pero las autoridades bávaras iban a cambiar la historia del siglo XXI con una carta. “Se hace saber al ciudadano americano Friedrich Trump, ahora residente en Kallstadt, que dispone hasta el 1 de mayo del presente año para abandonar el Estado de Baviera. En caso contrario, debe estar preparado para su expulsión”, decía el documento del 27 de febrero de 1905, publicado por el periódico Bild.

La historia es tan enrevesada como fascinante. Friedrich ya había abandonado Kallstadt en 1885, con solo 16 años. Como tantos alemanes, llegaba a una América inmersa en la fiebre del oro con deseos de hacer fortuna. Pero en lugar de buscar el metal preciado, él se dedicó a abrir locales en los que ofrecía comida, bebida y, según su biógrafa Gwenda Blair, prostitutas. El negocio le fue bien y, ya con dinero en el bolsillo, volvió a su ciudad natal. Allí conocería a su mujer, Elisabeth.

Tras idas y venidas, la familia decidió establecerse definitivamente en Kallstadt, que entonces pertenecía al reino de Baviera, y hoy al Estado de Renania-Palatinado. Pero las trabas administrativas se interpusieron en su camino. “Al emigrar a EE UU en 1885, Trump se había ido sin notificarlo en su país, como estaba obligado, y sin cumplir el servicio militar. Por ese motivo, las autoridades le negaron en 1905 la renacionalización”, asegura Paul, director emérito del Instituto de Historia y Folklore de Palatinado.

El abuelo del presidente electo lo intentó todo para revocar la decisión. Escribió una carta al “muy querido, noble, sabio y justo soberano” príncipe regente Leopoldo en el que le pedía permiso para quedarse. Sin éxito. La familia Trump abandonaría Alemania de forma definitiva el 1 de julio de 1905 rumbo a Nueva York. Allí nacería a los tres meses el padre del que hoy puede ser uno de los hombres más famosos del mundo.

A Kallstadt le cuesta acostumbrarse a la popularidad. Antes de victoria de Trump, muchos vecinos decían esperar que no ganara. Primero, porque el pueblo se llenaría de curiosos. Y segundo, porque, como reconocía su alcalde, sentía una gran simpatía por Trump. “Aquí son mucho más queridos los Heinz que los Trump”, aseguraba a EL PAÍS el pasado junio Simone Wendel, directora del documental Kings of Kallstadt. Porque la familia Heinz, mundialmente famosa por el kétchup, también procede de este pequeño pueblo vinícola. En la popularidad de los Heinz influyen los 40.000 euros que la familia donó para reparar el órgano de la iglesia. En el pueblo nadie podía recordar un gesto parecido por parte de Donald Trump. Aunque, eso sí, el futuro presidente aparecía en el documental de Wendel. “Adoro Kallstadt”, aseguraba.

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