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Por Rolando Tobarez / Twitter: @rtobarez

Fiscalía dijo que en el boliche de Rawson se reunían las menores con los sujetos presos.

Punto en común. La noche del allanamiento en el boliche halló evidencias clave para el expediente.

Aunque su allanamiento pareció uno más, el boliche “Mil Demonios” de Rawson conecta a víctimas y victimarios de la red de prostitución infantil que ya tiene 4 detenidos y 6 menores involucradas. Al entrecruzar audios, fotos y mensajes de texto, los investigadores acreditaron que la verdadera función en la trama de ese local era ser el punto de encuentro nocturno de las chicas con los sujetos.

“Se puede certificar esta amistad mediante las tantas fotografías en Facebook donde se puede observar a las mencionadas, en virtud de la estampa escrita que posee la foto, en ´Mil Demonios´ de Rawson, justamente lugar que el resto y casi todas las involucradas frecuentaban los fines de semana como lugar de reunión y esparcimiento, maniobra llamativa por su edad, más aún cuando se reflejaron que asistían junto a dos de los sujetos”.

El párrafo es parte del escrito con el cual el Ministerio Público Fiscal y la jueza Ivana González elevaron la causa al Juzgado Federal de Rawson. La Justicia provincial se declaró incompetente al considerar que con tantas evidencias, ya es un caso de trata de personas y no sólo facilitación de la prostitución.

Sobre el boliche capitalino agrega: “Por demás se encuentra probada su asistencia en forma conjunta a través de diversas fotografías allí tomadas y la probabilidad de nuevas experiencias que la noche en estos espacios genera, sobre todo en menores”. Y en cuanto a los mayores, “concurren a los mismos lugares de esparcimiento y reunión que eligen o frecuentan las menores involucradas, como lo es el local nocturno ´Mil Demonios´”.

Cabe recordar que la Policía halló en el boliche a una de las nenas de 14 años explotadas sexualmente. No fue casual. Un operativo tan complejo no buscaba simples contravenciones municipales sino lo que encontró: 22 menores de 18 años, cinco de ellas de menos de 16. Esa noche fue identificado Fernando Peralta, que luego renunció a la Subsecretaría de Derechos Humanos. 

La denuncia original detectó menores que coincidían en reiteradas fugas del Hogar de Adolescentes Mujeres de Trelew. Las encontraban en domicilios de la periferia del barrio Planta de Gas, casas señaladas por vecinos que nunca se quisieron identificar por temor a represalias, pero que conocían a las menores y a los sujetos que las alojaban.

Una de las chicas tiene 17 años, dos tienen 16, una 13 y dos hermanas de 14 y 11 años. La Brigada de Investigaciones verificó que todas usaban habitualmente la mensajería de Facebook y WhatsApp.

Los primeros imputados fueron Daniel Amadeo Ñancul, alias “Amadeo Pitt”, un mecánico soltero y desocupado, e Israel Misael Chávez Arias, chileno, casado y albañil. Eran amigos de Facebook de las chicas. El mensajeo era constante y se llamaban por sus nombres. El camino llevó al tercer hombre: Ramón Coñuel Santos, un peón rural con residencia en Planta de Gas.

A cambio de sexo, los favores eran múltiples. Por su adicción al tolueno, el intercambio más común era regalar a las chicas pegamento para drogarse. También ropa, dinero y crédito para celular. “Era frecuente y a las adolescentes les resultaba ´natural´ y particular poder realizarlo a diario”.

A Chávez Arias la Policía lo sorprendió durmiendo en una cama de dos plazas con dos de las nenas. Junto al lecho había una lata de pegamento usada para la inhalación e intoxicación. En cambio, Ñancul escondió a su víctima en un placard. Dormían en una cama de una plaza y media. Había bolsas de nylon transparentes con pegamento y una lata usada. En el caso de Coñuel pasó algo similar: dormía con una.

El cuarto sujeto es Aníbal Antonio Orihuela. Se comunicaba asiduamente con las menores. Las llamaba por su nombre y les prometía plata o celulares traídos de sus viajes por otras provincias o Chile. Les preguntaba cuál era el pegamento que usaban para “jalar” (inhalar) y les compraba. Solía ir a sus lugares de residencia. Ellas lo guiaban y también iban a su casa.

Orihuela, curiosamente, ayudó a Luciana Redondo a encontrar a su hija Abigail, la chica de 14 años rescatada en Florencio Varela. Cuando desaparece, Luciana brindó a la Policía datos certeros de que podría estar en Buenos Aires con otras dos menores y una mujer mayor que las llevó engañadas y haciendo dedo con camioneros. Información tan exacta se la había revelado Orihuela, ya involucrado con el primer grupo de chicas.

La madre de Abigail lo conoce: varias veces buscó a su hija en la casa del hombre, que reunía a varias menores. Abigail tenía domicilio en Planta de Gas, frente a la casa de tres de las involucradas. Compartieron alojamiento en el Hogar.

La mujer que llevó a las nenas al conurbano bonaerense le prometía “probar otras cosas para intoxicarse” que en Trelew no tenían, como pasta base. Usó como anzuelo la adicción de las menores.

Las chicas se preguntaban cómo iban a conseguir plata para subsistir. La mujer les decía que “trabajando”. No les decía de qué: prostituirlas en Plaza Miserere. La Policía las encontró en el barrio Carolina, localidad de Ingeniero Allan.

El Ministerio Público Fiscal consideró que todas las menores vienen de situaciones familiares complicadas de abandono, sin ningún tipo de amparo ni acompañamiento.

En el barrio viven cerca unas de otras. Se reunían en los mismos lugares: “Mil Demonios”, las viviendas donde les daban estadía y hasta una bomba de agua en el barrio, donde se juntaban a aspirar pegamento.

La mayoría pasó por el Hogar. Allí fallaron los mecanismos institucionales de contención: “No han provisto de herramientas adecuadas para poner fin a esta situación”.

Todos los acusados viven solos, se conocen y aprovecharon la vulnerabilidad, la adicción y el perfil callejero de las chicas.

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