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La presidenta del Banco Central, Karnit Flug, recomienda ser “agresivo” ante cualquier desvío de las metas.

La inflación en Argentina causa graves crisis y hunde gobiernos. El presidente Mauricio Macri lo sabe y por eso ha puesto a su equipo económico a luchar contra ella. Esta semana llegó el dato de agosto, que registró un aumento de los precios del 0,2% mensual. Aunque pueda parecer alta, en Argentina la cifra fue interpretada como una buena noticia. Desde el inicio del año estuvo cada mes cerca de 3% y el acumulado anual llegó a 42%. Tanta es la preocupación, que el asunto ocupó la mayor parte de las últimas Jornadas Monetarias y Bancarias organizadas por el Banco Central de la República.

El presidente del instituto emisor, Federico Sturzenegger, celebró que entre los ponentes estuviese su homóloga israelí, Karnit Flug, quien ante una sala repleta explicó como hizo su país para pasar de una inflación de 480% en 1984 a pelear contra la deflación en 2016. “Tuvimos que concentrarnos sólo en la inflación y prestar menos atención a otros objetivos”, expuso. “Es muy importante reaccionar en forma agresiva ante los desvíos de la meta para demostrar que se es serio. Y hay que pagar un precio para obtener los beneficios más adelante”.

En 2013, Flug se convirtió en la primera mujer al frente del Banco de Israel, puesto al que accedió desde la vicepresidencia del organismo. Ante un auditorio de banqueros y hombres de finanzas reunidos en la sede del instituto emisor en Buenos Aires, la presidenta del banco central israelí abrió el panel Reduciendo la inflación: teoría y práctica. La teoría no rompió con los cánones de la experiencia, pero la presentación de Flug sirvió como marco al anuncio de Sturzenegger de que a partir del lunes que viene se pondrá en marcha un régimen de metas de inflación para definir las tasas de interés.

Flug remarcó que los tipos de interés, potestad de los bancos centrales, son “la principal herramienta para alcanzar las metas”, aunque remarcó que “la capacidad para usarlas está relacionada con el desarrollo del mercado financiero”. “La meta, además, debe ser un rango, no un punto único. No tenemos herramientas para ajustarlas con un punto determinado y eso nos da flexibilidad”, explicó. En el caso de Israel, esa franja ha oscilado entre el 1% y el 3%. “Las metas las establece el Gobierno, y aunque podemos estar fuera [de ese objetivo] durante un tiempo, tiene que ser como un ancla”.

Flug también explicó los esfuerzos oficiales por reducir la cantidad de contratos en moneda extranjera. “Nos llevó tiempo antes de que el mercado creyera que la estabilidad había llegado para quedarse y que no había que hacer contratos en dólares”, dijo. La relación con la divisa estadounidense es especialmente conflictiva en Argentina. En la década de los noventa, el presidente Carlos Menem (1989-1999) logró vencer la hiperinflación heredada del Gobierno de su predecesor, Raúl Alfonsín (1983-1989), gracias a la convertibilidad del peso por el dólar y aún hoy el ahorro privado se realiza en esa moneda. Incluso transacciones tan simples como un alquiler se calculan según la referencia con el valor del dólar en las casas de cambio. Sturzenegger reconoció que esa “vieja cultura” aún se mantiene, pese a “que eso ha sido negativo para el inversor”.


El País

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