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Las penas del Maestro rural.
La vasta meseta chubutense se extiende implacable en soledades magníficas e inaprensibles, en espacios sacudidos por furiosos vientos helados en los que no se avanza ni retrocede. Allí, entre caminos de ripio y una aridez acaso infinita, se erige Cushamen, un caserío de cemento primario, una pequeña comuna rural cuyos habitantes, entre ellos descendientes de mapuches, poseen minifundios, fincas de una extensión tan reducida que dificulta su correcta explotación, dedicados a una ganadería de subsistencia. Ubicado al noroeste de la provincia del Chubut, su nombre es de origen tehuelche. Entre sus 750 pobladores hay, por supuesto, niños y adolescentes, y es por eso que en época escolar llegan hasta el lugar docentes rurales que tienen motivos diferentes para elegir aquel trabajo: un poderoso sentimiento de solidaridad o heroísmo, falta de alternativas laborales o, misterioso, el destino. Trabajar en esas zonas remotas implica, en muchos casos, desarraigo y enormes esfuerzos económicos de viajes y estadías. No son pocos los que deben pernoctar en los pueblos, algunos una o dos noches por semana, otros de lunes a viernes, otros durante meses enteros.
La imaginación del ciudadano común lleva a pensar que, en esta situación, las condiciones de las viviendas otorgadas por el Estado debieran ser óptimas. Los docentes se encargan de desmentir este “prejuicio” y remarcan que esta situación trasciende a los gobiernos de turno. Recuerdan que ya en el año 2009, durante el segundo gobierno de Mario Das Neves, reclamaban al respecto. Distintas voces denuncian no sólo viviendas en muy mal estado sino escasez habitacional para la totalidad de docentes: en una casa con dos habitaciones duermen ocho personas, algunas de ellas en la cocina o el comedor, y se registran casos de graves enfermedades producto de la humedad y falta de calefacción.
Cecilia Bellani nació en San Antonio de Padua, provincia de Buenos Aires. Hace catorce años vive en la cordillera. Actualmente reside en Lago Puelo. Estudia Artes Visuales y se encuentra a siete materias de obtener su licenciatura. Desde mediados del año pasado dicta clases en la Escuela N 38 de Cushamen. Bellani le relata  a BIG SUR cómo es un día habitual de trabajo: “a Cushamen tengo dos horas de viaje. Ciento veinte kilómetros, de los cuales cincuenta y cinco son de ripio. Nos turnamos con unos docentes de la secundaria, (veces con sus autos y otros días con el mío),  porque el auto recibe un gran desgaste. Por más que pasen la máquina, las condiciones climáticas (lluvia y viento) hacen que el camino nunca esté realmente en una condición óptima”. Aclara que ella da clases dos veces por semana, por lo cual tiene que pasar una noche en el pueblo. Dice que son cinco docentes cuando ella está pero que otros días, en la misma casa, puede haber más personas.
La vivienda se encuentra junto a la escuela donde trabaja. Describe que con “la lluvia y el viento se ha roto el techo y tiene diferentes agujeros en distintas partes. El otro día vinieron de Obras Públicas, le sacaron fotos. Las paredes están chorreadas de humedad. Empieza a llover y se gotea adentro de la casa como si no tuviera techo. Se ha inundado varias veces todo el piso de la cocina, en las habitaciones, el baño”. Además las cañerías están en mal estado, por lo cual cada tanto son los propios docentes los que se encargan de destaparlas. Enfatiza que “tener que levantarte a la madrugada a correr tus cosas para que no se mojen porque está lloviendo la verdad que no me parece nada dignificante”. Cecilia duerme en un colchón en la cocina y dice que el profesor de música, a veces, también.
Otro docente que no consideró necesario dar su nombre, pero al cual llamaremos Ricardo Rubén, nos traza un panorama similar: vive en Cholila y tiene aproximadamente dos horas viaje hasta Cushamen, donde los jueves y los viernes da clases de secundaria en las materias de Ciencias Sociales. Ricardo Rubén dice que hace cinco años que trabaja en el pueblo y que “durante todos estos años estuvimos de prestados en distintos lados. Nunca estuvimos fijos en algún lugar. Esa precariedad es constante”. Luego de recalcar que ningún funcionario gubernamental acusa recibo de esta situación, recordó un caso de años atrás: en la casa en la que vivían los docentes el baño estaba inutilizable por lo que debían ir al de la escuela, del otro lado de la calle, en las heladas noches de invierno.
El lunes pasado el Consejo Ejecutivo de la Regional Noroeste de la Asociación de Trabajadores de la Educación del Chubut (ATECh) presentó una nota al Consejo Directivo provincial de la entidad para que se eleve el asunto de la ruralidad a la reunión paritaria que se desarrolló ese mismo día. Allí se reclamó y exigió la presencia del ministro de Educación Fernando Menchi en la zona para discutir la problemática y buscarle una solución. Según pudo averiguar BIG SUR el ministro se reuniría hoy a las diez de la mañana con los docentes. Se desconoce aún la propuesta que llevará Menchi. La situación no se reduciría a esta zona sino que se extendería a lo largo y ancho de la provincia, en la que, como sabemos, un guardapolvo no sirve para combatir el frío. En estas condiciones hablar de ¨calidad educativa¨ parece una idea pretenciosa. 
Fotografía: campana de la escuela 38 de Cushamen. 
Fuente: Big Sur

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