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Un abuelo de 2.620 años, 60 metros de altura y 2, 20 metros de diámetro -el "lahuan", en lengua mapuche- reina en medio del Parque Nacional Los Alerces, que se recuesta en la región cordillerana de Chubut, a 52 kilómetros de la ciudad de Esquel.

Su existencia deslumbra a los visitantes que llegan desde todas partes del mundo a conocerlo, ya que este alerce milenario está allí desde antes del nacimiento de Jesucristo y probablemente permanezca cuando el hombre ya habite en un country marciano, puesto que su vida puede llegar hasta los 4.000 años.

El área protegida de la Patagonia argentina resguarda en sus 263.000 hectáreas a la especie Alerce Patagónico (Fitzroya Cupressoides) o lahuan, muchas veces estudiado para determinar su edad.

Así como a las personas se les calcula ésta por las arrugas, la antigüedad de los alerces se mide contando la cantidad de anillos de su tronco: cada año, dos anillos nuevos aparecen en su corteza, uno en primavera y otro en otoño.

El método consiste en perforar el árbol hasta el centro del tronco y extraer una fina varilla de madera que sirve de muestra sin dañar al ejemplar. Allí están registradas tanto la "pequeña edad de hielo" que afectó a la Tierra alrededor del siglo XII, como el calentamiento global de fines del siglo XX.

Es el alerce milenario la meta última del viaje al alerzal, frente a cuyo grueso tronco los viajeros enmudecen ante un sobrio cartel que dice: "Edad: 2.620 años"; pero este parque nacional, nacido en 1937, también protege a otras especies del bosque patagónico conformado por coihues, cipreses, radales, maitenes, ñires y lengas; y dentro de la fauna, a los pudúes, a ciertos anfibios y al huemul, convertido desde 1996 en Monumento Natural para preservar su existencia amenazada.

El Parque Nacional Los Alerces es además el hábitat de especies nativas como el puma, el zorro colorado, el monito del monte, y otras como el ciervo colorado, la liebre europea, y los salmónidos.

Dentro del parque se practican diferentes actividades turísticas y recreativas como la pesca deportiva, el kayackismo, excursiones lacustres, senderismo, trekking y montañismo, entre otras, además se ofrecen servicios de alojamiento y gastronomía.
Todas las mañanas, entre noviembre y abril, se realizan excursiones lacustres al alerzal desde Villa Futalaufquen, centro administrativo del parque.

Mientras se navega, es posible visualizar el imponente glaciar Torrecillas, con sus paredes de hielo de color blanco azulado, apreciándose toda su magia desde el lago Menéndez.

Durante enero y febrero las salidas son diarias, con la opción de partir desde Puerto Limonao o desde Puerto Chucao. El resto del año sólo se mantiene habilitado el Puerto Chucao. Las excursiones pueden ser contratadas en las agencias de viajes de Esquel.

La excursión desde el Puerto Limonao, la más extensa de las dos, comienza en el lago Futalaufquen, recorre el río Arrayanes navegando sus aguas hasta llegar al muelle del del pequeño y cautivante lago Verde, lugar donde se realiza un transbordo para atravesar el lago Menéndez y así llegar a la zona intangible donde vive "el abuelo".

Tras la navegación vienen el amarre y el sendero que explora la prestigiosa arboleda y que implica unas dos horas de marcha, primero en medio de un túnel de cañas colihue, que se abre al espléndido lago Cisne y a los saltos del río del mismo nombre, para desembocar ante gigantescos coihues y alerces, entre los que no falta el célebre Alerce Milenario.

La excursión completa - entre navegación y marcha- dura alrededor de nueve horas, pero se la puede cortar al medio llegando hasta Puerto Chucao por vía terrestre, a través de la pasarela tendida sobre el río Arrayanes, desde donde se pueden apreciar las truchas nadando contra la corriente. Esta posiblemente sea la excursión más demandada.

Pero el viaje hacia el Alerzal Milenario no es la única oferta recreativa del parque: en las antípodas del turismo masivo, lugares como Cerro La Torta, o Laguna Froilán, Naufragio del Rey o Cerro Alto El Petiso, Río Stange o Estrecho de los Monstruos, declaran posible la entrañable aventura de trepar una montaña, engarzar lagos a lomo de caballo, desafiar aguas blancas sobre un endeble kayak, pescar truchas en espejos transparentes e internarse en medio de una naturaleza donde parece que nadie pasó antes.

Gracias a que el impacto del hombre es mínimo en este ecosistema, el Parque Nacional Los Alerces es una de las áreas protegidas más valiosas de la Patagonia argentina, lo que lleva aparejado una responsabilidad de todos lo viajeros que allí acampen de seguir preservando su flora y fauna.

El parque cuenta con siete campamentos organizados, nueve campamentos agrestes y siete áreas de acampe libre, 23 cabañas, cinco hosterías y un refugio, tres comedores, tres proveedurías y tres quioscos. La ciudad de Esquel, a 52 Km, y Trevelín, a 26 Km, ofrecen todos los servicios turísticos.

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